jueves, 12 de marzo de 2015

Capitulo 3


Después de clases me dirigí a regañadientes al estacionamiento, donde un sonriente Peter se encontraba apoyado en su coche, esperándome.
—Hola preciosa.—Me guiñó un ojo coquetamente y abrió la puerta para mí.
—Hola Peter.—Me subí a su coche, ya molesta con su coqueto culo, si Vico estuviese aquí lo habría abofeteado por esa.
Subió a mi lado.
—Así pues, Ángel, tengo que pasar por la tienda de camino a casa. —Puso el coche en marcha y salimos del estacionamiento.
—Genial —murmuré. Decidí mirar por la ventada e ignorarle; seguía molesta con él por todo la cosa de “diez minutos más” de esta mañana.
Se detuvo en el estacionamiento de la tienda unos minutos más tarde.
—Vamos, Ángel —dijo, saliendo. Me senté ahí y crucé mis brazos sobre el pecho, rehusándome  a bajar. Caminó alrededor del coche y abrió la puerta por mí—.Vamos, Ángel —repitió, sosteniendo su mano para mí.
—No se necesitan dos para entrar. Esperaré aquí —respondí. Metió sus manos en el coche y me recogió con  facilidad, arrojándome por encima del hombro, riendo. Dio un  puntapié a la puerta para cerrarla y  comenzó  a caminar hacia la tienda—.Ponme malditamente abajo, ¡imbécil! —grité, golpeándolo en la espalda.
Él sólo se reía de mis escasos intentos de bajar, y siguió caminando. Una vez en la tienda,  finalmente me puso en mis pies. Miré alrededor, avergonzada, para comprobar si alguien vio eso, pero parecía que no. Alargó la mano y metió algunos mechones de pelo suelto detrás de la oreja, sus dedos demorándose en mi mejilla.
Golpeé su mano fuera de mi cara y lo miré enfadada.
—¡Eso fue tan vergonzoso! —siseé.
 —¿Cuál es el problema? A la mayoría de chicas les encantaría que las hiciese eso—replicó, encogiéndose de hombros y yendo hacia las revistas.
Pisoteé con el pie, luego me ruboricé porque  había  pisoteado como un niño pequeño; por suerte, Peter no miraba, de lo contrario nunca hubiese oído el final de esto. Agarró una revista de deportes y una barrita de chocolate y se dirigió almostrador para pagar.
Estaba felizmente hojeando la TeenVogue cuando dos chicos se acercaron a mí. Me puse tensa.
—Bueno,  hola aquí.—Uno de ellos ronroneó.  Asentí con la cabeza en reconocimiento  y puse  la revista de vuelta, alejándome con rapidez en busca de Peter.
—Ey, ¿a dónde vas? —preguntó el otro, cogiendo mi mano.
Mi corazón empezó ha acelerarse mientras miraba alrededor, frenéticamente.
—Estoy buscando a mi novio —le mentí, tratando de sonar segura.
—¿Novio? No  veo ningún novio —dijo  el otro, burlándose  de mí—. ¿Qué tal si vamos a alguna  parte y nos conocemos mejor? —ofreció  el chico que  estaba sujetando mi mano, tirándome hacia él lentamente.
Me sentí enferma. Oh  Dios, Pitt, ¡ayúdame!  Sé que soy patética, pero odio los enfrentamientos y que la gente me toque, especialmente gente que no conozco.
—Ey, Ángel —dijo Peter, arrojando su brazo alrededor de mi hombro y mirando a los dos chicos,  que de inmediato soltaron la mano y dieron  un  paso atrás. Me acerqué  al lado  de Peter y  me  presioné  contra  él con  tanta fuerza que  dolía—.Espero que no estuvieran molestando a mi chica —dijo casualmente, pero podía oír el enfado en su tono de voz. Peter siempre ha sido protector conmigo; una vez un chico me empujó en un charco cuanto tenía siete, y Peter fue directamente a la casa del muchacho y le dio un puñetazo en la cara.
 —De  ninguna manera,  hombre. Estábamos  hablando, eso es  todo. —El chico mintió, levantando las manos inocentemente.
—Está  bien.  Vamos entonces, Ángel, nos vamos a casa—dijo Peter, guiándome hacia la puerta.  Una vez fuera,  se  giró  para mirarme—.¿Estás bien?—preguntó, revisándome preocupado. Estaba bien, mi corazón se detuvo de tratar de salir del pecho tan pronto como oí su voz.
Asentí y le sonreí gratamente. 
—Gracias —murmuré. Abrió la puerta del coche y esperó a que subiese antes de rodearlo hacia su lado. Una vez dentro arrojó algo en mi regazo, miré hacia abajo a la barrita de mi chocolate favorito. No  pude  evitar sonreír—. Gracias, Pitt. —Él siempre hacía cosas dulces como comprarme golosinas, era una lástima que fuese un gigoló idiota, de lo contrario sería probablemente un buen chico.
Cuando llegué a casa, fui directamente a trabajar en la lasaña para cenar. Peter se cernía detrás de mí alrededor de la cocina, haciéndome sentir violada mientras miraba mi cuerpo.
—Por el amor de Dios, Peter, ¡mis  ojos están  aquí! —dije  airadamente, señalándome la cara.
Se rió. 
—Wow, estás verdaderamente de mal humor conmigo hoy, ¿eh? —bromeó,sonriendo.
—Si, lo estoy. No puedo creerme lo de esta mañana. No me gustan las prisas; me he visto y sentido como una mierda todo el día —dije con acritud.
—Creo  que  te has visto  caliente  todo  el  día —respondió, encogiéndose  de hombros.
—Ugh, ¿puedes dejar  de hablarme? No estoy de humor. —Tiré la comida en  el horno y me puse a preparar un poco de ensalada.
 —Bien, lo que  sea.—Se  encogió de hombros otra vez y vino a mi lado, ayudándome  a preparar la ensalada.  Estaba tan cerca de mí que  podía sentir el calor que irradiaba de su cuerpo al mío, era extrañamente calmante.
—Voy  a ir a hacer los deberes.  La lasaña estará hecha en una hora y media; imagino que te quedas a cenar—dije. No era una pregunta, sabía que lo haría. No estoy  segura  de que Vico le  pidiese que se quedara conmigo cuando él estaba fuera, pero Peter lo hacía siempre de todos modos.
—Seguro, viendo cómo me lo preguntas tan educadamente. —Sonrió.
—No  estaba preguntando  —gruñí sarcásticamente mientras me  giraba para alejarme.
Me agarró la mano y se acercó a mí, estaba tan cerca que mi pecho tocaba el suyo, podía sentir su aliento soplando en mi cara.
—Ángel, lo siento por lo de esta mañana. Lo hago. Por favor deja de ser toda una perra conmigo, no te pega —dijo en voz baja.
Respiré hondo y suspiré. 
—Está bien, si, lo siento también. Supongo que he sido una zorra contigo —admití, tratando de apartar la mirada de sus hermosos ojos verdes que se sentía como si estuvieran viendo mi alma.
—Así que, ¿estoy perdonado? —preguntó, sonriendo.
Me gustaba este Peter, el que me cuidaba, el que era diferente cuando estábamos por nuestra cuenta. Me puso su adorable carita de cachorro a la que no podía decir que no, y sentí a mi voluntad de odiarlo desmoronarse.
Me reí y puse los ojos en blanco. 
—Lo que sea. Voy a ir a hacer los deberes antes de cenar. —Me empujé fuera de su retención y me alejé rápidamente.
Se sentía raro estar cerca de él de esa manera, todavía podía sentir el hormigueo de electricidad fluyendo a través de la mano donde nos habíamos cogido, todavía podía oler su dulce aliento que había soplado en mi cara. No tenía ni idea de la atmósfera  tan rara de la cocina; todo era muy confuso. Negué con la cabeza y saqué mi tarea de cálculo, tratando de empezarla por lo menos.
Después de cenar en silencio, terminé mi tarea. Sólo eran las ocho y media así que Peter decidió poner una película. Puso  Destino Final, y nos sentamos en el sofá a verla. Me sentí un poco incómoda por alguna razón que no podía entender. Estaba sentada aquí como siempre, pero algo  se sentía diferente. Le  miré a escondidas varias veces, estaba sentado ahí viendo la película, con una pierna doblada sobre la otra, el brazo colgando casualmente en el respaldo de mi silla.
Ninguno de los dos se movió hasta que la peli terminó. Ahogué un bostezo.
—Creo que me voy a la cama, Pitt, estoy muy cansada. —Murmuré, levantándome y estirándome como un gato. Cuando lo miré de nuevo, me di cuenta de que me estaba observando atentamente. Me aclaré la garganta ya que todavía seguía mirándome fijamente con una extraña expresión en su cara.
—Oh,  bien, sí, está bien. Voy directo a casa entonces, estaré de vuelta en media hora—dijo, poniéndose de pie para salir.
Lo seguí y cerré la puerta detrás de él, un poco desconcertada. ¿Por qué era todo tan tenso y extraño entre nosotros esta noche? Sería probablemente porque estaba tan molesta con él esta mañana que hice las cosas un poco torpes.
Me cambié rápidamente a una camiseta sin mangas y pantalones cortos, me lavé los dientes, el pelo, y me metí en la cama. Esta estaba fría y era demasiado grande, al igual que cada noche. Después de unos veinte minutos o así, escuché a mi ventana deslizarse y cerrarse de nuevo. Ropas cayeron al suelo y luego la cama se hundió detrás de mí.
—Ey, ¿estás dormida? —susurró.
 —No, todavía no —murmuré.
Levanté la cabeza para poder poner uno de sus brazos bajo mi cuello. Apretó el pecho contra mi  espalda y envolvió su otro brazo a mí  alrededor, lanzando una pierna sobre la mía. Le oí suspirar mientras me retorcía para acercarme más a él, me encantaba que Peter durmiera conmigo, la cama no se sentía bien sin él.
—¿Qué pasa? —pregunté, tirando de sus brazos  apretados a mi alrededor y presionando  mi  rostro en su brazo, oliendo su increíble aroma que era como ninguna otra cosa en el mundo.
—Nada,  Ángel.  Sólo  estoy  cansado,  eso  es  todo  —murmuró  contra la parte posterior de mi cabeza, presionando sus labios en mi pelo.
—Está bien. Buenas noches, Pitt —susurré, besando su brazo.
—Buenas noches, Ángel —respondió, besando la parte de atrás de mi cabeza.

Besos!
Lunis ♥

miércoles, 11 de marzo de 2015

Capitulo 2


Chicas me olvide de poner una partecita del cap anterior. Aquí les va!!

Me desperté a la mañana, todavía fuertemente envuelta en sus brazos; di un grito ahogado y miré al reloj 6:20 a.m. 
—¡Peter! —susurré, sacudiéndolo. 
—Ahh, ¿qué, Mamá? —preguntó con sus ojos cerrados.
—¡Shhh!  —siseé,  rápidamente cubriendo  su  boca antes  de que  hablase  otra vez.  No puedo creer que nos quedásemos dormidos, esto está tan mal.
Sus ojos se abrieron de golpe y me miró, sorprendido, luego miró alrededor de mi  habitación. 
—Oh no,¿me quedé dormido? —susurró, sentándose y pasándose la mano por su pelo,  que  estaba levantado  por todas partes  pero  en  realidad se  veía mejor  que cuando tenía ese asqueroso gel en él.
—Tienes que ir a casa, Pitt. ¡Rápido!  —siseé, empujándolo hacía la ventana. La abrió y  empezó a trepar fuera pero agarré su mano haciendo que se detuviera.
Levantó la vista hacia mí una expresión confundida en su cara. 
—Gracias —susurré, sonriéndole agradecidamente. Realmente necesitaba ese abrazo la otra noche,esa fue probablemente la cosa más bonita que Peter alguna vez había hecho por mí.
Él me devolvió la sonrisa. 
—De nada, Ángel —respondió, sonriendo y saliendo.
Vi como pasaba por el agujero en la valla y volvió a subir a su propia ventana. La cerró y me saludó, le devolví el saludo y luego fui a vestirme. El pensamiento de Peter viniendo a escondidas aquí y estando en  la casa sin permiso, hizo que mi estómago doliera. Tuvimos mucha suerte de no ser atrapados. Me aterraba pensar que habría sucedido si sus padres  hubieran ido a su habitación a la noche y hubieran visto su cama vacía, o que habría pasado si no me hubiera despertado temprano. Me estremecí al pensar en lo que mi padre haría si hubiera entrado aquí para encontrar a Peter en la casa durante la noche.

Capitulo 2
8 Años después…

Me desperté con  la familiar sensación  de ser aplastada;  me  retorcí, empujando  mi  hombro  hacia atrás. Pedro movió  su  peso  ligeramente. 
Estaba abrazándome en cucharita por detrás, respirando profundamente en  la parte trasera de mi cabello. Su pesado brazo cubriéndome, sujetando mis brazos en  mi  pecho,  sostenía mi  mano apretadamente, nuestros dedos entrelazados, su pierna tirada casualmente sobre mí. Podía sentir la usual “gloria matutina” empujando contra la parte más estrecha de mi espalda.
Rápidamente silencié la alarma de mi teléfono y lo codeé en el estómago. 
―Seis en punto ―murmuré somnolientamente, cerrando los ojos.
―Diez minutos más, Ángel.Todavía estoy cansado ―murmuró él, empujándome más fuerte contra su pecho.
―Nop, no diez minutos más. La última vez se convirtió en una hora y Vico casi te atrapa aquí―murmuré, codeándolo en el estómago una vez más.
Movió su brazo e inmovilizó mis manos en la cama cerca de mi cabeza, en una posición de oración. 
―Solo diez minutos más, Ángel ―se quejó. Suspiré y cerré los ojos de nuevo. No había forma de discutir con él cuando estaba así, simplemente no tenía la energía a esta hora de la mañana para pelear con él. Ambos nos deslizamos de nuevo en el sueño, instantáneamente.
―¡Mariana, será mejor que ya estés lista! ―gritó mi hermano, golpeando la puerta.
Me levanté de un salto y también Pedrp, era más de las siete.
―Er…sí, estoy lista ya, Vico―grité en respuesta, mirando a Pedro que estaba frotándose la cara, luciendo un poco aturdido.
―Bien. Voy a desayunar. Apúrate. Peter conducirá hoy así que está lista para irnos en media hora ―llamóVico a través de la puerta, antes de caminar a zancadas por el pasillo.
―Caray, Ángel, ¿por qué no me despertaste? ―acusó Pedro, frunciendo el ceño.
Lo miré en advertencia, y le di mi mejor mirada de muerte. 
―¡Lo hice, imbécil! ¡Dijiste “diez minutos más”  y luego me inmovilizaste en la cama para evitar que te codeara! ―gruñí sarcásticamente, haciendo una mala imitación de su voz.
Él sonrió burlonamente y me empujó de vuelta a la cama, sujetando mis manos sobre mi cabeza y rodando sobre mí. 
―¿Te inmovilicé en la cama?¿Estabas soñando conmigo otra vez, Ángel? Podría hacerte ese sueño realidad ―se mofó, con su rostro a centímetros del mío.
―¡Ya quisieras! Ahora, apártate de mí, Peter, y ve a alistarte.Conduces hoy,aparentemente ―siseé, asintiendo hacia la ventana. Él suspiró y se levantó de mí, poniéndose sus jeans y camiseta. Trepó por la ventana, silenciosamente, cerrándola detrás de sí al irse. Caminé hacia ella y la aseguré antes de dirigirme a la ducha más rápida de todos los tiempos. 
Exactamente veintiséis minutos después, caminé con dificultad hacia la cocina, con un  ceño  fruncido, Peter estaba allí, apoyándose  casualmente contra la encimera, comiéndose  mi  cereal. ¡Maldita sea,  todas las  mañanas! Su  cabello estaba despeinado en su usual apariencia de apenas salí de la cama, que para ser honesta sí lucía así cuando acababa de salir de la cama. Todo  lo que  hacía siempre  era deslizar sus manos por todo su cabello unas cuantas veces y añadirle un poco de cera. Se veía igual que todas las mañanas, como un maldito supermodelo. Usaba jeans desgastados de cintura baja que dejaban ver un poco sus calzoncillos,y siempre hacía que las chicas se derritieran. Hoy estaba usando una camiseta blanca que mostraba su cuerpo perfectamente esculpido y  una camisa anaranjada y gris de manga corta sobre ella, que tenía completamente desabotonada. Sus ojos verdes estaban brillantes con diversión mientras me miraba.
―¿Retardada esta mañana, Ángel? ―preguntó con una sonrisa de suficiencia.
Le lancé una mirada de muerte, haciéndolo sonreír burlonamente. 
―¡Cállate, Pedro! ¿Por qué demonios te estás comiendo  mi cereal de nuevo?¿No tienes  comida en casa?―pregunté, arrebatando la taza de sus manos y comiéndome el contenido. Él sólo me observó con una sonrisa divertida. 
Vico me lanzó una caja de jugo. 
―Si te ves un poco tensa esta mañana, La. ¿Todo va bien? ―preguntó, mirándome un poco preocupado.
Miré seriamente a Peter una vez más mientras él empezaba a reírse. Por supuesto que me veía tensa, tuve media hora para ducharme y vestirme. 
―Me quedé dormida ―murmuré con un suspiro abatido.
Vico no tenía idea que Peter dormía en mi habitación conmigo cada noche, si fuera así,  se enloquecería. 
Vico siempre era protector conmigo, siempre lo había sido, pero había empeorado desde que mi papá se fue cuando yo tenía trece. Bueno, dije se fue, pero la verdad era que Vico y Peter habían llegado a casa temprano del hockey un día para ver que mi padre me había dejado  sin sentido, y estaba intentando violarme. Vico finalmente caído en cuenta y él y Peter le habían dado una paliza, casi matándolo en el proceso. Lo habían echado de la casa y le habían dicho que si alguna vez regresaba, lo matarían.
Nunca regresó, sin embargo, eso fue hace ya tres años.
Un poco después de eso, mi  mamá consiguió un trabajo en una enorme firma electrónica, era la asistente personal del director, así que viajaba mucho. Se iba dos veces más de lo que estaba aquí, de modo que sólo la veíamos por cerca de una semana al mes, si algo. Vico era mi única supervisión, aunque a veces era más como que yo estaba intentando cuidar de él. 
Peter también era muy protector conmigo, pero todavía no nos llevábamos bien, incluso aunque él literalmente pasó cada noche envuelto a mi alrededor en la cama por los últimos ocho años. Se había vuelto a escabullir en mi habitación la noche siguiente de verme llorar de nuevo y habíamos terminado durmiéndonos una vez más.  Después de dos semanas se había vuelto una cosa normal. No era algo de lo que habláramos nunca, solo dejaba mi ventana sin seguro y él entraba una vez que sus padres revisaran que él estuviera dormido. Jamás nos habían atrapado en ocho años. Habíamos estado cerca un par de veces, sin embargo. Hace un par de años, la mamá de Peter había encontrado su cama vacía, pero él había mentido, diciendo que se había escapado a una fiesta y se había quedado en la casa de un amigo. Nadie sospechó que estaba al lado, conmigo.
Él todavía me molestaba como loco y me molestaba tanto como lo hacía cuando éramos niños, pero yo siempre supe que él estaría ahí para mí si lo necesitaba. Era como si él tuviera doble personalidad. De día, me molestaba, volviéndome loca y enojándome todo el tiempo, y de noche, era el chico más dulce en el mundo y me abrazaba, haciéndome sentir segura y a salvo.
 ―Te  ves  sexy hoy,  Ángel  ―dijo Pedro, con su sonrisa patentada, mirándome de arriba abajo lentamente, haciéndome retorcer.
¡Sí, claro! Mi cabello castaño todavía estaba húmedo porque no tuve tiempo de secarlo por sus  estúpidos “diez minutos más”, así que lo tenía recogido en un despeinado moño. Me había puesto mis jeans ajustados y un top rojo de cuello en v y una capucha, junto con mis converse. Había añadido lo mínimo de maquillaje, y algo  de lápiz  labial claro. No  me  veía sexy. ¡Maldito  idiota! Le mostré el dedo y caminé hasta su auto. Recostándome contra él, enojadamente, esperé que  me honraran con su presencia.
El camino a la escuela fue igual que siempre, ellos se sentaron el frente hablando de futbol y  fiestas, y yo me senté en la parte trasera escuchando mi iPod, intentando ignorar las sonrisas de Peter en el espejo. Estacionamos en la escuela y el auto fue inmediatamente asediado por personas, igual que cada mañana. Pedro y Victorio eran considerados “jugadores sexis” en nuestra escuela. Eran de último año y el sueño de toda chica, los chicos querían ser amigos suyos, y las chicas querían dormir con ellos.
Peter se rió mientras yo me encogía, saliendo del auto e intentando evadir la horda de zorras que  me empujaban porque estaban intentando lanzarse sobre él. Una chica me codeó a propósito. La miré en su pequeña falta que lucía más como un cinturón y su top que mostraba su estómago, e  hice una mueca. ¡Caray,  es  tan perra!
―Mierda, Martina, ¿dejaste tu falda en casa? ―pregunté con un horror fingido.
Ella me miró con el ceño fruncido y escuché a Peter y Vico reírse. 
―Lo que sea, ¿sabes que ese look de emo no te va bien, cierto? ―escupió ella en respuesta.
Sólo me reí y me aleje caminando. Era usual que Martina y yo tuviéramos este tipo de comentarios para la otra. Ella había salido con Peter por un tiempo, bueno, si por  salir te referías a tener sexo unas cuantas veces, y luego la dejó. Ella todavía no lo había superado y lo quería de vuelta, más para disgusto de él.
―Eso no fue  amable, Ángel.―Peter se rió, mientras me alcanzaba y lanzaba un brazo alrededor de mi hombro. Inclinó su cabeza cerca de la mía―. Lamento lo de esta mañana ―susurro en mi oreja, enviando escalofríos por mi columna. 
Lo codeé en las costillas, haciéndolo sonreír y apartarse.
―E ignora a Martina, creo que llevas genial el look emo ―añadió,  con  un  guiño coqueto.
Vico lo golpeó en la parte trasera de la cabeza.  
―¡Amigo, esa es mi hermana menor! ―lo regaño enojadamente, apartándolo de mí. Peter sólo se rió y me guiñó una vez más, haciéndome poner los ojos en blanco. Pedro se alejó y caminó directo a lo que lucía como su última conquista. Le sonrió seductoramente y ella se sonrojó cuando él inmediatamente empezó a coquetear con ella.
Encontré a mis amigas, que prácticamente estaban follando a Vico y Peter con los ojos y expresiones soñadoras. 
―Hola, Can, Pablo (Poli), Euge―dije alegremente cuando llegué a ello.
―Hola, La, ¿llegaste  aquí con sexy trasero número uno y número dos hoy? ―preguntó  Cande, mirando fijamente a mi hermano mientras se alejaba.
Me reí y sacudí la cabeza. 
―Nop, solo Vico y Pedro, igual que siempre.
Can suspiró. 
―¿Cómo demonios puedes no  afectarte por lo condenadamente calientes que son? Quiero decir,  ¡tienes tanta suerte de vivir con Vico! Yo adoraría ver su sexy trasero caminando alrededor todo el día―ronroneó, abanicándose la cara.
Fingí tener náuseas. 
―¡Candela, ese es mi hermano y su imbécil amigo! ¿Cómo en la tierra puedes obviar su comportamiento mujeriego? Ambos son unos idiotas. ―Me encogí de hombros.
No entendía por qué, pero cada chica en esta escuela estaba enamorada de ellos. Vico era una gran persona, pero trataba a las chicas como objetos, y Peter, bueno, Peter simplemente era un imbécil de tiempo completo.
―Son los dos mejores jugadores del equipo de hockey y lucen como dioses  del sexo, y yo  desearía poder obviar eso ―dijo sugestivamente, moviendo sus cejas con una sonrisita, haciéndome reír. Enlazó su brazo con el mío y me  empujó a nuestra primera clase.

La escuela estuvo bien, como era normal; yo era bastante popular debido al hecho de que mi hermano y su mejor amigo eran los chicos más deseados allí. Ellos cuidaban de mí, lo que básicamente significaba que advertían a todos los chicos que se alejaran de mí, que de hecho, me sentaba bien porque yo no quería salir con nadie. La mayoría de las chicas querían ser mis amigas para poder acercarse ami hermano. Las chicas que querían ser novias eran fáciles de localizar, en su mayor parte podías saber si querían que las presentaras por el tipo de ropa que estaban usando, si no estaban usando mucha entonces iban por mi hermano o Peter.
Amaba mis clases, era bastante popular entre  los profesores  porque  mis  notas nunca iban por debajo de un sobresaliente. Siempre hacía mi tarea y jamás llegabatarde; me enorgullecía de ello, aunque no era una nerd. 
A la hora del almuerzo,  me senté con mis amigos cuando escuché los usuales suspiros y risitas tontas.
Las chicas empezaron a revisar su cabello y  arreglar su maquillaje, de modo que supe que mi hermano y sus amigos estaban llegando al comedor. Suspiré cuando Cande y Euge empezaron a sentir lujuria por ellos, como era costumbre.
―¡Oh, genial, sexy trasero número uno está viniendo! ―Euge rió tontamente, codeando a Can en las costillas.
Puse los ojos en blanco cuando una mano apareció por detrás de mí, robándome un puñado de mis papitas fritas.
―Hola, Ángel ―susurró Peter en mi cuello.
Golpeé su mano cuando fue a robar más. 
―¡Pedro, por el amor de Dios! Ve a comprar tu propia comida, idiota ―despotriqué, molesta.
Se echó a reír.
—Oh, sabes que quieres compartir conmigo  —respondió, dejándose caer en el banco, empujándome de nuevo con su cadera.
—¿qué quieres?—le pregunté con un suspiro, moviendo el plato lejos de él.
Pasó el brazo alrededor de mi hombro.
—Sólo quería visitar a mi chica. Sé que me has echado de menos sin verme todas las mañanas y eso —dijo engreídamente.
Todas mis amigas suspiraron y lo miraron con nostalgia.
—Podrías quitar tu brazo-para-putas de mí, Peter, por el amor de Dios; ¡no quiero coger cualquier cosa! —le regañé, encogiéndome para alejarme.
Se rió de nuevo. 
—No seas así, Ángel. Sólo quería hacerte saber que voy a llevarte a casa hoy. Tu hermano tiene una cita, así que...—Se calló, sonriéndome.
¡Genial, simplemente genial! Me iba a llevar a casa. Fantástico. Él siempre hacía el trayecto a casa lo más largo posible sólo para molestar mi vida externa.
Luego, insistiría en  esperar  en casa hasta que mi hermano llegase, lo que significaba que tenía que cocinar para él también. ¡Maldita sea, es tan molesto!
 —Está bien, Peter. Ahora corre, estoy segura de que tienes alguna ETS (Enfermedad de transmisión sexual) más que propagar por ahí —le dije, agitando la mano con un gesto molesto.
Se rió y me dio un beso en la mejilla mientras se ponía de pie. 
—Finge todo lo que quieras, Ángel, los dos sabemos que vas a querer que duerma contigo por la noche. —Me guiñó un ojo con malicia, dándole a lo que acababa de decir un doble sentido, y rogué para que nadie más se diese cuenta.
—Claro que querré, Peter, porque estoy tan enamorada de ti. —Suspiré, poniendo los ojos en blanco y frotándome la mejilla donde él me besó.
—Yo también te quiero. —Me sonrió mientras se alejaba de vuelta a la misma chica de esta mañana. Pasó  el brazo alrededor de su  hombro, sus sucios, asquerosos labios descendieron hasta los de ella. Fruncí el ceño, y aparté la mirada de nuevo a mis amigos cuando comenzó a hacerlo con ella en medio del comedor.
Can, Euge y la mitad de las chicas del comedor estaban mirándole con lujuria.
—Jeez, ¡este chico es  tan  jodidamente  molesto!  ¿Por qué  mi  hermano  no  podía escoger un  mejor  amigo  mejor,  alguien  que  no  fuera un  arrogante, obsesivo, gilipollas? —despotriqué, lanzando mis manos al aire.
—Oh,  ¡deja de lloriquear! Juan Pedro Lanzani acaba de tener su  brazo alrededor tuyo  y besado en la mejilla, daría cualquier cosa por tener esos dulces labios en mí —dijo Euge soñadoramente, haciéndome reír.
—Lo que sea. Vamos, vamos a nuestra próxima clase. —Le  sugerí mientras recogíamos nuestras bandejas e íbamos.

Continuara... hasta mañana!

Besos 
Lunis ♥

Capitulo 1


Me senté en la encimera de la cocina, observando a mi mamá hacer pasta al horno; ella estaba entrando ligeramente en pánico y seguía mirando al reloj a cada  minuto.  Sabía  por  qué  lo  hacía,  mi  papá  debía estar  en  casa en exactamente en dieciséis minutos y a él le gustaba que la cena estuviera en la mesa tan pronto como entrara.
Vico se acercó, jugando con sus figuras del Hombre Araña. 
—Mamá, ¿puedo ir a jugar a casa de Peter? —preguntó, lanzándole una mirada de cachorrito.
Ella miró el reloj de nuevo y sacudió la cabeza rápidamente. 
—No  ahora,  Victorio.  La cena no  tardará  mucho  y  necesitamos  comer como  una familia. —Se estremeció ligeramente mientras hablaba.
La cara de Vico cayó, pero asintió y vino a sentarse a mí lado. Inmediatamente le arrebaté  el hombrecito  de sus  manos  y  me  reí  cuando  jadeó y  lo arrebató  de vuelta, sonriendo y poniendo los ojos en blanco hacia mí. Él era un chico lindo, con cabello rubio y ojos grises con motas marrones en ellos. Era mi hermano mayor, y como  los hermanos  mayores,  era  el mejor.  Siempre  me  cuidaba en  casa y  en  la escuela,  se  aseguraba de que  nadie  me  molestara.  El único  que  tenía permitido molestarme,  según  su  opinión,  era  él, y  en  una menor medida su  mejor  amigo Juan Pedro o Peter, que resultaba que vivía en la casa de al lado.
—Entonces,  La,  ¿necesitas  ayuda con  tu  tarea? —preguntó  él,  codeándome.
Vico tenía diez, y era dos años mayor que yo, así que siempre me ayudaba con el trabajo de la escuela.
—Nop. No tengo tarea. —Sonreí, balanceando mis piernas mientras colgaban de la encimera.
—Bien,  niños,  pongan  la mesa por mí.  Ya saben  cómo.  Exactamente bien,  ¿de acuerdo? —pidió mamá, rociando queso sobre la pasta y poniéndola en el horno. Vico y yo nos bajamos de la encimera y agarramos las cosas, dirigiéndonos a la sala comedor.
Mi papá era  muy particular sobre  todo,  si todo  no  estaba exactamente bien,  se enojaba y nadie quería eso. Mi mamá siempre decía que mi papá tenía un trabajo estresante. Siempre  se  enojaba con  facilidad si hacíamos  algo  mal. Si has escuchado  ese  dicho: Los  niños  deberían ser  vistos  y  no  oídos ,  bueno,  mi  papá llevaba eso a otro extremo. En su lugar, le gustaba:  Los niños no deberían ser vistos u oídos .  A  las  cinco treinta llegaba a casa todos  los días,  comía la cena de inmediato, y luego Vico y yo éramos enviados a nuestras habitaciones, en donde jugábamos en silencio hasta las siete y treinta cuando teníamos que ir a la cama.
Odiaba  esta hora  del  día.  Todo  estaba bien  hasta que  él  llegaba a casa,  y  luego todos cambiábamos. Vico siempre se quedaba en silencio y no sonreía. Mi mamá tenía esa mirada es su cara, como de miedo o preocupación, y empezaba a correr de aquí para allá ahuecando los cojines sobre el sofá. Yo siempre me quedaba allí y deseaba silenciosamente que pudiera esconderme en mi habitación y nunca salir. Vico y yo pusimos la mesa y luego nos sentamos en silencio, esperando que el clic de la puerta señalara que  él estaba en  casa.  Podía sentir mi  estómago revoloteando, mis manos empezando a sudar mientras rezaba en mi cabeza que él hubiera tenido un buen día y estuviera normal esta noche.
Algunas veces, en estaba en un humor realmente bueno y me besaba y abrazaba. Me decía la niñita tan  especial que  era,  y  lo  mucho  que  me  quería.  Eso sucedía normalmente los domingos. Mi mamá y  Vico  iban  a la práctica de  hockey  y  me quedaba en casa con mi padre. Aquellos Domingos eran los peores, pero no le dije jamás a nadie de esos días, y lo mucho que me tocaba y me decía lo bonita que era. Odiaba esos días, y deseaba que los fines de semana nunca llegaran. Prefería mucho más que fuera un día de escuela cuando sólo lo veíamos para la hora de la cena. Definitivamente prefería cuando me miraba con ojos enojados, que cuando me  mira  con  ojos suaves.  No  me  gusta en  absoluto,  me  hacía sentir incómoda, siempre  hacía que  me  temblaran  las  manos.  Afortunadamente, sin  embargo,  hoy apenas era  lunes,  así  que  tenía casi una semana antes  de  que  tuviera  que preocuparme por eso de nuevo.
Un par de minutos después, él entró. Vico me lanzó una mirada que me decía que me comportara y sostuvo mi mano bajo la mesa. Mi padre tenía cabello rubio, del mismo color del de mi hermano. Tenía ojos marrones, y siempre tenía el ceño fruncido.
—Hola, niños —dijo en su ruidosa y profunda voz. Un estremecimiento se deslizó por mi  columna  cuando  habló.  Puso  su  maletín  a un  lado  y  tomó asiento  a  la cabeza  de la mesa.  Intenté  no  mostrar  ninguna reacción;  de hecho,  intenté no moverme para nada.  Siempre  parecía que  era  yo  la que  metía a todos  en problemas o hacía algo mal.
Siempre parecía que era la que empeoraba las cosas para todos. No solía ser así, solía ser la niñita de papá,  pero  desde que  empezó  su  trabajo,  hace  tres  años, cambió. Nuestra relación con él cambió por completo. Él todavía me favorecía por encima de Vico, pero cuando venía del trabajo, era como si quisiera pretender que Vico y yo no estábamos allí. La forma en que miraba a Vico algunas veces era como si estuviera  deseando  que  no  existiera,  hacía que  me  doliera  el estómago  verlo mirar a mi hermano de esa forma.
—Hola, papá —respondimos ambos  al mismo tiempo.  Justo  entonces,  mi  mamá vino cargando la pasta y un plato de pan con ajo.
—Esto  se  ve bien,  Margaret —dijo  él, dándole  una sonrisa.  Todos  empezamos a comer en silencio e intenté no moverme incómodamente en mi lugar—. Entonces, ¿cómo estuvo la escuela, Victorio? —le preguntó a mi hermano.
Vico levantó la mirada nerviosamente. 
—Estuvo bien, gracias. Intenté entrar al equipo de hockey sobre hielo y Peter y yo…—empezó a decir, pero mi papá asintió, sin escuchar.
—Eso  es  genial, hijo  —interrumpió  él—.  ¿Qué  hay  de ti, Mariana? —preguntó, volviendo su mirada hacia mí.
¡Oh, Dios! De acuerdo, sé cortés, no divagues. 
—Bien, gracias —respondí calladamente.
—¡Habla más alto, niña! —gritó.
Me estremecí con su tono, preguntándome si iba a pegarme, o quizá me enviaría a la cama sin cenar. 
—Estuvo bien, gracias —repetí un poco más fuerte.
Él frunció  el ceño  y  luego  se  volvió  hacia mi mamá, que  estaba estrujándose  las manos nerviosamente. 
—Entonces,  Margaret,  ¿qué  has estado  haciendo  hoy? —preguntó,  comiendo  su cena.
—Bueno,  fui  al supermercado  y  conseguí ese  shampoo  que  te gusta,  y  luego planché un poco —respondió mi mamá rápidamente. Sonaba como una respuesta preparada, siempre hacía eso, tenía sus respuestas listas de modo que no fuera a decir nada inapropiado que lo hiciera enojar.
Extendí la mano por mi bebida, pero no estaba observando apropiadamente y la volqué, derramando el contenido sobre la mesa. Los ojos de todos volaron hacia mi padre, que se levantó de un salto de su silla. 
—¡Mierda!  ¡MARIANA,  estúpida pequeña  perra!  —gruñó,  agarrándome  del  brazo  y empujándome bruscamente de la mesa. De repente mi espalda golpeó la pared, el dolor  me  atravesó  y  me  mordí el labio  para dejar de llorar.  Llorar lo empeoraba todo,  él odiaba  que  llorara,  decía que  solo los débiles  lloraban.  Lo  vi apartar  su mano;  iba  a golpearme. Sostuve el aliento  esperando  el golpe,  sabiendo  que  no había nada que pudiera hacer más que soportarlo, igual que siempre.
Mi hermano se levantó de un salto de su silla y se abalanzó sobre mí, envolviendo con fuerza sus brazos a mí alrededor, cubriéndome. La suya estaba hacia mi padre mientras me protegía.
—¡Suéltala, Victorio!  ¡Necesita aprender a ser  más  cuidadosa!  —gritó  mi  padre, agarrando  a  Vico  de su  ropa  y  lanzándolo al piso.  Me abofeteó,  enviándome  al piso, luego se volvió hacia Vico y lo pateó en la pierna, haciéndolo gemir—. ¡No te metas en  mi  camino  de nuevo,  pequeño  pedazo  de mierda!  —le  gritó  a  Vico, mientras estaba acurrucado en una bola en el piso.
Lágrimas  silenciosas corrían  por mi  cara.  No  podía soportar ver herido  a mi hermano; él sólo estaba intentando protegerme. Vico siempre hacía eso.
Cuando me metía en problemas, él provocaba a mi padre de modo que la tomara contra él en su lugar. 
Mi padre levantó  su  plato  y  su  bebida,  caminó  a zancadas hacía la sala  para terminar su comida, murmurando algo sobre nosotros siendo “los peores niños en el mundo” y “como infiernos se pudo quedar atrapado en esta vida”. 
Me arrastré  hasta mi  hermano  y  envolví mis  brazos  alrededor suyo  con  fuerza, aferrándome a él como si mi vida dependiera de ello. Él gimió y se levanto para sentarse, abrazándome de vuelta, frotando su mano por mi mejilla punzante.
—Lo siento, Vic. Lo siento —murmuré en voz baja, llorando sobre su hombro.
Él negó con la cabeza. 
—Está  bien, La.  No  es  culpa tuya  —dijo  con  voz ronca, me  dio  una pequeña sonrisa y tratando de ponerse en pie, gimiendo. Me puse de pie con un salto y le ayudé a levantarse. Podía oír movimiento así que levanté la mirada para ver que mi madre estaba limpiando la mesa frenéticamente.
—Lleven sus cenas a sus cuartos y coman, ¿bien? —ordenó, besándonos a los dos en la mejilla. Ella tenía que ir a donde mi padre y hacer control de daños, él estaría de mal humor  por mi  error y  ella tenía que  calmarlo  antes  de que  pasase  algo más—. Los veré a la mañana. Los quiero a los dos. Por favor estén callados, y pase lo que  pase,  quédense  en  sus  habitaciones  —ordenó,  rápidamente besándonos otra vez  y  entregándonos  nuestras cenas a medio comer, antes  de empujarnos hacia el vestíbulo trasero.
Teníamos una buena casa, cuatro dormitorios y todo estaba en un nivel. Mi padre ganaba un buen dinero por lo que vivíamos en una bonita zona, pero preferiría que la casa fuera más pequeña así no tuviera que trabajar en ese empleo. Puede que entonces  fuera como  el viejo Papá,  llevándonos  al parque  y  comprándome juguetes y dulces. Vico vino a mí habitación y comimos en silencio, sentándonos en el suelo cerca de mi cama.  Tomó mi mano con fuerza cuando oímos a mi padre
gritar a mi  madre  desde el salón,  algo  se  rompió,  y  me  estremecí.  Esto  era totalmente culpa mía.
Empecé  a sollozar así que  Vico  envolvió su  brazo  alrededor de  mi  hombro, apretando suavemente. Él siempre parecía mucho mayor que yo; era mucho más maduro que yo. 
—Está bien.  Todo  está  bien,  La.  No  te preocupes  —susurró,  acariciándome  el pelo. Una vez que me calmé, y los gritos habían cesado, jugamos a las cartas por un rato.
Cuando estábamos en la mitad del juego, escuchamos pisadas fuertes viniendo por el vestíbulo.  Vico  se  puso  rígido cuando  los  pasos pasaron  por  mi  puerta.  No  se detuvieron  sin embargo,  gracias a Dios.  Dejé  escapar  el  aliento  que  no  me  di cuenta que estaba aguantando y miré a Vic, quien esbozó una pequeña sonrisa. 
—Mejor me  voy  a mi  habitación,  son  pasadas las  siete  —dijo  mirando  a mi despertador—. Cierra con  llave la puerta.  Te  veré  en  la mañana —dijo  con  un guiño.  Salió  de  la habitación  y  lo  observé  arrastrarse  por el pasillo  hasta su habitación,  se  volvió hacia mí—. Cierra con  llave tu  puerta, La —susurró, esperando ahí, observándome. 
Cerré la puerta con  llave rápidamente como  me  dijo.  Poniendo  mi  oreja en  la madera, escuché para asegurarme de que Vico hiciera lo mismo con la suya. Volví corriendo a mi cama y me tiré sobre ella, llorando silenciosamente. No podía parar, estaba sollozando y sollozando. ¡Había sido estúpida esta noche e hice que hiriera a mi hermano otra vez! Y probablemente a mi madre también, por el sonido de los ruidos en el salón.
De repente, se produjo un rasguño, un ruido golpeando en mi ventana. Abrí mis ojos de golpe  para  ver a Peter fuera,  mirándome  con  tristeza.  Me levanté y  corrí hacia mi ventana la abrí y la deslicé hacia arriba silenciosamente preguntándome qué demonios estaba haciendo aquí. ¿No debería estar en su casa?
—¿Peter, qué  estás  haciendo  aquí? ¡Tienes  que  irte, ahora!  —le  grité susurrando, sacudiendo mi cabeza con fuerza. Pero el chico estúpido solo trepó a mi habitación por la ventana, cerrándolo silenciosamente detrás de él.
Contuve la respiración, mirando a mi puerta con los ojos muy abiertos. Si mi padre lo atrapaba aquí se iba a volver loco, no le gustaba que Pedro viniera y jugara en nuestra casa, siempre decía que era muy ruidoso. 
—¡Pedro, sal! —susurré, desesperadamente intentando empujarlo devuelta hacia la ventana. Me estremecí, preguntándome que haría mi padre si hubiera escuchado abrirse la ventana y supiera que Peter estaba aquí. Él no se movió; simplemente envolvió sus brazos alrededor mio con fuerza y me atrajo contra su pecho. Traté de empujarlo, pero él solo me sostuvo con más fuerza.
—Está bien —susurró, acariciando mi pelo. Empecé a llorar otra vez en su pecho; pensamientos de Victorio siendo herido antes inundaron mi cabeza. 
Peter era  alto  para su  edad;  tenía diez años,  igual que  Vico.  Ellos  eran  mejores amigos, y lo habían sido desde que nos mudamos hace cuatro años. Tenía el pelo castaño chocolate, el cual normalmente ponía en punta con demasiado gel, y ojos azules claros que eran como ventanas a su alma. Cuando Pitt te miraba te hacia sentir como si pudieras volar. Era muy lindo; todas mis amigas estaban coladas por el por alguna razón. Peter y yo, sin embargo, no nos llevábamos del todo bien. Él se burlaba de mí todo el tiempo, me pone la zancadilla, me tira del pelo, y tiene esta molesta costumbre de llamarme  Ángel  por alguna razón,  me  llamó  así  desde el momento en que me conoció y realmente me pone furiosa. 
 ¿Qué demonios estaba haciendo aquí ahora? ¿Y por qué estaba abrazándome? Tal vez  pensó que  esta era  la habitación  de Vico,  tal vez  se  acercó a la ventana equivocada —pero no podía estar en lo cierto porque la habitación de Vico estaba en la otra parte del vestíbulo, su ventana daba al patio trasero. 
Me eché hacia atrás para mirarlo.  Por alguna razón  él se  veía tan  triste; tenía lágrimas en sus ojos mientras se limitaba a seguir abrazándome. Él sabía sobre mi padre, Vico había sido  cubierto  por moratones  una vez  y  le  soltó la verdad  a él. Mi hermano y yo le rogamos que no dijera nada, sin embargo, nunca lo ha hecho. 
—¿Qué estás  haciendo  aquí, Peter?  —susurré,  limpiándome  la cara,  pero  las lágrimas siguieron cayendo. 
Me tiró  sobre  la cama,  meciéndome  suavemente, igual que Vico siempre  hacia cuando lloraba. Miré su pecho y me di cuenta que estaba usando shorts y camiseta de los Power Rangers. Fruncí el ceño, un poco confundida en cuanto a por qué tendría puesto eso, hacía mucho frío fuera. Entonces me di cuenta de que estaba usando  su  pijama. Miré al reloj para ver que  eran  casi las  ocho  y  media.  Había estado llorando durante más de una hora. 
—Te vi a través de la ventana. Solo quería venir y asegurarme de que estabas bien —susurró a su vez, todavía abrazándome con fuerza. 
Volvía mirar a la ventana. La habitación de Peter estaba directamente en frente de la mía y podía ver en su habitación, lo que significaba que él podía ver en la mía.
Me mordí el labio, oh Dios me había visto llorando, tengo que verme tan débil para él. Las únicas personas ante las que alguna vez había llorado eran mi madre y Vico.
—Estoy bien. Tienes que irte —susurré empujándole otra vez, tratando de sacarlo de la cama.
Se limitó a negar con su cabeza. 
—No me voy hasta que dejes de llorar —declaró, tirándome hacia abajo de manera que  ahora  estábamos  tumbados  en  mi  cama, uno  enfrente del  otro.  Tenía sus brazos  envueltos alrededor mío  tan  fuerte que  ni siquiera  podía retorcerme. Me sentí segura  y  caliente. Me deslicé  aún  más  cerca  de él, presionando  todo  mi cuerpo con el suyo y sollocé en su pecho. 


Ayer me quede sin luz. Una cosa de lo mas linda! (ironicamente hablando) 
Bueno aqui el primer capi!!

Besos
Lunis ♥

martes, 10 de marzo de 2015

Hoy nueva nove!!!



Holaaaaaaa
Bueno como les dije,voyasubir nove nueva, una adaptación.
Respondiendo a sus comentarios: la otra novela la estoy escribiendo,  me gustaría poder avanzar un toque mas desde donde la dejé,  pero la idea es ponerla ni bien termine esta.
Gracias por los buenos deseos y por el aguante, son lo mas!!!! x)
A continuación les dejo la sinopsis y cuando llego a casa el primer capitulo:

Mariana "Lali" Esposito y su hermano mayor Victorio "Vico", tienen un padre abusivo.
Una noche, el mejor amigo de su hermano, Juan Pedro "Peter" Lanzani, la ve llorando y trepa por su ventana para confortarla. Aquella acción desata una relación de amor/odio se extiende por los próximos ocho años. 
Peter ahora es un seguro y coqueto jugador que nunca antes ha tenido una novia. Lali todavía está emocionalmente temerosa por el abuso que ha sufrido a manos de su padre. Juntos, hacen una pareja improbable.
Su relación siempre ha sido incierta pero; ¿qué sucede cuando Lali empieza a ver al mejor amigo de su hermano un poco diferente? ¿Y cómo su hermano, que siempre ha sido un poco sobreprotector, reaccionará cuando se dé cuenta que el par se está acercando más? .

Les dejo un beso grande! Nos leemos mas tarde!!
Lunis <3

viernes, 6 de marzo de 2015

VOLVIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!!


Hola chicas!!! cuanto tiempo no??

Les cuento... me tuve que operar de los ojos casi a fines de Noviembre, por ende, no podía leer nada, ni escribir. Primero el izquierdo, tenia que esperar ver completamente bien de ese para poder operarme el otro. Luego el descanso de las cosas luminosas, como compu, tele, cine y hasta los libros!! Casi muero!
Pero ya estoy bien... solo que las tuve que abandonar...

Tambien la escritura, asi que como se daran cuenta, no tengo mas capis de la nove. Pero si me permiten, tengo una adaptacion bastante buena, si me aceptan de nuevo!

Milllll perdones!!

Besos! Se las quiere y extraña!

Lunis♥